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¿Por qué el error humano es una trampa conceptual?

Cada vez que ocurre un accidente, la búsqueda del responsable comienza casi de forma automática. Es una respuesta humana comprensible: queremos saber quién falló, porque eso nos da la ilusión de que el problema está resuelto. Identificamos a la persona, la sancionamos o la reemplazamos, y declaramos el caso cerrado.

El problema es que esto casi nunca resuelve nada. El próximo accidente ya está en camino.

El concepto de "error humano" tiene una historia larga y problemática. Durante décadas fue la explicación de cierre: cuando no encontrábamos otra causa, decíamos que había sido error humano. Esta explicación tuvo sentido en sistemas simples, donde las variables eran pocas y controlables. Pero en sistemas sociotécnicos complejos —un hospital, una aerolínea, una planta de energía— la realidad es radicalmente diferente.

En esos entornos, el error humano no es una causa. Es un síntoma.

Cuando un profesional de la salud comete un error de medicación, o cuando un piloto toma una decisión equivocada, la pregunta correcta no es "¿por qué falló esta persona?". La pregunta correcta es: ¿qué condiciones del sistema hicieron que ese error fuera probable, esperable, casi inevitable para cualquier persona que estuviera en esa posición?

Esa diferencia no es semántica. Define completamente cómo una organización aprende —o no aprende— de sus eventos adversos.

El sesgo retrospectivo: por qué todo parece obvio después

Hay otro problema en cómo analizamos los accidentes: el sesgo retrospectivo. Una vez que el accidente ocurrió, miramos hacia atrás y todo parece haber sido evidente. "¿Cómo no vieron que esto iba a pasar?", nos preguntamos. Pero esa claridad es ilusoria: existe solo porque ya conocemos el resultado.

Las personas que tomaron las decisiones que condujeron al accidente lo hicieron con la información que tenían en ese momento, bajo las presiones de ese contexto, con la racionalidad que les permitía su microentorno. Sus decisiones eran lógicas para ellas. Eso no las exonera de toda responsabilidad, pero sí obliga a entender esa lógica antes de juzgarla.

Qué cambia cuando miramos el sistema

Cuando una organización abandona la trampa del error humano y empieza a mirar el sistema, aparecen cosas que antes eran invisibles: procedimientos desactualizados que nadie usa, presiones para cumplir objetivos que compiten con la seguridad, silencio organizado alrededor de los problemas, condiciones de trabajo que hacen inevitable cierto tipo de errores.

Esas son las condiciones latentes: los factores de riesgo que existen en el sistema mucho antes de que ocurra el accidente, generados por decisiones de diseño, de gestión o de política organizacional tomadas meses o años atrás. Son invisibles para el análisis superficial, pero perfectamente detectables cuando se sabe dónde mirar.

Esta es la diferencia entre una organización que aprende y una que repite. La primera trata cada evento adverso como una ventana al sistema. La segunda lo trata como un caso cerrado.

En FAP Global trabajamos con organizaciones de aviación y ciencias de la salud para hacer exactamente ese cambio. No es fácil — requiere abandonar explicaciones cómodas y asumir que la seguridad es más compleja y más interesante de lo que parece. Pero es el único camino que realmente funciona.

 
 
 

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